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Fundación de Veracruz

Siguiendo la ruta de Grijalva, la expedición de Cortés continuó navegando la costa mexicana llegando a las playas de la antigua ciudad totonaca de Quiahuiztlan frente a la isla de San Juan de Ulúa. Al anclar la flota cerca de la costa, fueron abordados por emisarios de Moctezuma quienes pacientemente esperaron durante un año el regreso de los extraños venidos de oriente, desde el tiempo en que el capitán Grijalva al mando de la segunda expedición tuvo el primer encuentro con aquella extraña y amistosa gente que le brindó una magnífica recepción y le obsequió el riquísimo tesoro con el que había regresado a Cuba.

Los refinados emisarios del emperador se ponían incondicionalmente a sus órdenes y traían como obsequio el tesoro que representaba las ricas vestimentas de Tezcatlipoca, Tláloc y Quetzalcóatl, importantes deidades de la región.

En una breve ceremonia de bienvenida los embajadores mexicas vistieron a Cortés con los valiosos atuendos de turquesa, oro y plumas multicolores de Quetzalcóatl y al terminar este los despidió entregando unas cuentezuelas como obsequio y con el mensaje de que llegaban a esas tierras para comerciar y tratar con ellos y que nada debían de temer.

Al día siguiente, viernes santo 22 de Abril de 1519, Cortés ordenó desembarcar e iniciar la construcción del campamento en la playa, fortificándolo con los cañones. Las caballerizas y las chozas de soldados y capitanes fueron construidas y el altar donde todos los soldados escucharon misa con gran devoción.

Por órdenes de Moctezuma , un numeroso grupo de principales enviado por el gobernador de la región llamado Cuitlalpitoc, llegó al campamento de los extranjeros, llevando provisiones y ofrendas como correspondía a una deidad. Al día siguiente los gobernadores Tentlitl y Cuitlalpitoc prepararon una extensa procesión cargada de regalos con cuantiosos tesoros y comida, para presentarse otra vez ante las tropas extranjeras. Gracias a sus intérpretes Malintzin y Aguilar, Cortés pudo comprender que estos destacados personajes le estaban ofreciendo el trono de la ciudad de Tenochtitlan.

Durante el encuentro Cortés aprovecho para hablarles de su señor, el rey más poderoso de la tierra y de la religión que traía a esas nuevas tierras. Hizo demostraciones de su poderío militar haciendo gala de su caballería y accionando sus cañones. Ante la negativa a su solicitud de un inmediato encuentro con el gran Moctezuma , despachó a los emisarios con un improvisado ofrecimiento al emperador que incluía un casco que atrajo la especial atención de estos por el extraordinario parecido con una reliquia del templo de Huitzilopochtli dios de la guerra, en la gran ciudad de Tenochtitlan.

Durante el encuentro un grupo de diestros pintores mexicas se esmeraba en representar en sus lienzos un detallado informe de imágenes de los personajes extranjeros que pudiera dar una clara idea al gran Moctezuma de la estampa que, según los designios divinos, tenían su inminente sucesor y sus tropas. Casi dos semanas después llegaron a Tenochtitlan los emisarios con los regalos de Cortés y Moctezuma al analizar con detenimiento el casco confirmó los fatídicos presagios de que Quetzalcóatl había regresado a reclamar su trono.

De manera ingenua Moctezuma envió de regreso una comitiva con un maravilloso tesoro de joyas y objetos dorados para disuadir al mensajero divino de realizar el viaje hacia la gran ciudad de Tenochtitlan, pues estaba convencido que no podría enfrentar a los dioses con las armas terrenales. Cortés no aceptó e insistió en verlo. Moctezuma comprendió que las pretensiones del invasor iban amas allá de obtener el trono, intentaban derrocar sus sagradas divinidades e imponerles una nueva religión. Moctezuma se negó tajantemente a encontrarse con Cortés y suspendió toda comunicación con los invasores.

Al suspender las provisiones que a diario llevaba el gobernador Cuitlalpitoc por orden del emperador a los españoles, el campamento español entró en estado de alerta. Las precarias condiciones para subsistir empezaron a provocar estragos en la tropa, afligida por la cantidad de mosquitos y por las escasas y malas provisiones que quedaban. Entre los soldados allegados a Diego Velázquez gobernador de Cuba, surgió el deseo de volver a sus encomiendas en la isla, para rendir cuentas al gobernador y entregar el rico tesoro rescatado. Además de que las órdenes de Velázquez eran de rescatar no de poblar, por lo que seguir allí contravenía dichas órdenes.

Regresar a Cuba no solo significaba dar una buena parte del botin al gobernador sino que era también renunciar a sus ambiciones de riquezas por descubrir. De manera hábil Cortés logro polarizar la tropa entre quienes estaban a favor de regresar y quienes querían quedarse, obteniendo el apoyo de la mayoría para su propósito. Este fingió acceder a las pretensiones de los que querían volver pero a la mañana del 10 de Julio de 1519 en una improvisada ceremonia fundó la ciudad Villa Rica de la Vera Cruz en nombre y bajo la autoridad de su majestad el Rey. La totalidad de los cargos fue asignada discretamente ese mismo día, nombraron como alcaldes, regidores, contador y tesorero a varios de los capitanes más cercanos a Cortés . Para ganarse el favor de los rebeldes, Cortés compró con generosas dádivas del oro recolectado la fidelidad de los soldados inconformes. Esta fue una ingeniosa estrategia de Hernán Cortés para libearse de la servidumbre del gobernador Velazquez y así proseguir con sus planes de conquista bajo mandato real.

Segundo asentamiento. Tras la protocolaria fundación los españoles viajaron por tierra al norte donde fueron recibidos por el Cacique Gordo de Cempoala. Sabiendo que los totonacas estaban descontentos con la dominación mexica, Cortés se presentó como adalid de la justicia y consiguió una alianza comprometiendo el apoyo español contra los mexicas a cambio de la obediencia de la nación totonaca a la Corona española. Cortés viajo entonces a la ensenada de Quiahuiztlan, donde lo esperaba su flota. Ahí, en la ladera de una colina cercana al poblado totonaca, construyeron en piedra un asentamiento en forma, amurallado y fortificado. No fue una refundación sino un traslado de emplazamiento.

Tercer asentamiento. Para 1525 debido a que Quiahuiztlan no era adecuada para anclar, se trasladó el asentamiento a orillas del río Huitzilapan, bautizado como Canoas por los españoles. Este asentamiento, hoy conocido como La Antigua, llegó a tener 200 españoles y 600 esclavos negros, una parroquia, dos conventos y un hospital. Este asentamiento a pesar de estar mejor protegido de los violentos vientos del sur, padecía el problema de que la barra del río era muy arenosa y los Galeones debían descargar en Ulúa para no encallar.

Cuarto asentamiento. En 1599 el virrey Gaspar de Zúñiga y Acevedo ordenó el traslado del asentamiento a su enclave original, la franja de arenales frente al islote San Juan de Ulúa. Al Puerto de Veracruz le fue acondicionado un muelle y dos años después fue posible atracar barcos y seguir utilizando de fondeadero y protección a San Juan de Ulúa. Durante la colonia la ciudad fue de gran importancia ya que era lugar de partida para las naves que iban a España cargadas de oro, tesoros y de mercancías en la denominada Carrera de Indias, lo cual le valió para ser atacada en varias ocasiones por piratas.

Fuente:

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