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La expulsión de los Jesuitas de México

La labor pastoral de los Jesuitas en México se desarrolló durante 195 años hasta 1767 cuando fueron expulsados y sus propiedades tomadas militarmente. El 27 de Febrero de 1767 Carlos III firmó la orden de expulsión de los Jesuitas de todos los dominios de España y la confiscación de sus propiedades.

La expulsión de los Jesuitas se dio como consecuencia de las reformas Borbónicas. Los jesuitas siempre leales al Papa se opusieron al proyecto centralizador de los Borbones constituyéndose en una amenaza para sus intereses. Además al tener una economía sólida y un gran valor en la sociedad eran vistos celosamente por el rey, quien consideraba esto como tener un estado dentro de su propio estado.

En la Nueva España el Virrey Carlos Francisco de Croix recibió el decreto de expatriación de los jesuitas el 30 de mayo de 1767 y la orden se cumplió en México y en otras ciudades de la Nueva España entre el 25 y el 28 de junio del mismo año. En las provincias remotas se realizó más tarde, a mediados de julio.

Los jesuitas de la Provincia de México eran 678; de ellos 464 criollos y 153 peninsulares. La primera nave de expulsos salió del puerto de Veracruz el 26 de julio con 55 jesuitas. En el puerto de Veracruz, entre agosto de 1767 y abril de 1768 murieron 35 jesuitas. Los últimos en partir fueron los 32 misioneros de Sonora, Sinaloa y Pimas que sobrevivieron al fatídico viaje que los condujo a Veracruz en el cual 20 jesuitas perdieron la vida. Estos se embarcaron por fin rumbo a España en abril de 1769.

La expulsión de los misioneros jesuitas produjo un profundo cambio social en el que los indígenas fueron los principales afectados. La salida de los misioneros desarticuló la organización de los pueblos indígenas y los redujo a comunidades aisladas y vulnerables al asedio de los colonos. Las comunidades indígenas quedaron desprovistas del título legal que amparaba la propiedad de sus tierras y aguas, dando paso a que españoles, mestizos y mulatos fueron introducidos en sus comunidades debilitando su identidad cultural. Desprovistos de su comunidad, de su tierra y de su cultura, los indígenas no tuvieron otra alternativa que alquilarse como peones al servicio de los colonos.

Fuente:

Biblioteca Digital del ILCE
Javier Baptista Morales