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Leyenda La tierra de los duendes

Leyenda del Estado de Tabasco

Cuentan habitantes del poblado Mazateupa que allá por los años 60´s en un lugar llamado “la Sabana” dentro de un rancho de nombre El “Guanal” vivía una familia a la que les gustaba criar animales de traspatio, pero lo que más le gustaba tener eran pollos, ya que tenían bastantes y que en ocasiones lograba criar hasta 50 o 70 pollos, más pavos, gallinas, patos y cerdos.

El lugar dicen los ancianos del poblado, era un lugar solitario, pues no vivía nadie excepto esa familia, pero que no le tenían miedo a nada, pues la señora se mantenía siempre en oración, le rezaba a Dios y sobre todo a la Virgen María.

Un día, de repente sin que supiera cómo, los pollos empezaron a caminar raro, daban traspié, y el cuello se les retorcía bien feo, unos se caían y querían levantarse pero no podían, ese tipo de enfermedad le daban casi todos los días desde que amanecía hasta que anochecía, y al caer la noche todos los pollos se encontraban bien, como si no les pasara nada, hasta decían que estaban endemoniados.

La familia se extrañaba y se preguntaban el porqué les pasaba eso a sus animales, ya que solo era a los pollos, y a los otros animales no les sucedía eso. Ellos empezaron a llamarle “los pollos cachurecos”, sin embargo no sabían qué hacer ante tales embrujos, decían.

Algunos miembros de la familia no querían ni comer pollo porque sabían lo que estaba sucediendo con esos animales.

Un día, el padre de la familia decidió llamar al chamán del pueblo de Mazateupa para que viniera a ver lo que les estaba sucediendo y cuando llegó le contaron.

Entonces el Chamán lo primero que les pidió fue Pozol con cacao, dos jícaras pequeñas como las que utilizan para correr las ventosas y una cajetilla de cigarros, posteriormente se las llevó y se internó en el popal en donde realizó un ritual para alejar a los malos espíritus y que los animales volvieran a su normalidad.

Cuando regresó del popal le informó a la familia que lo que le estaba sucediendo a sus pollos: Les dijo, que eran los duendes los que les estaban haciendo maldad a sus animales y que querían que se fueran del lugar, ya que era territorio de ellos y no querían que los molestaran.

Fue así que después de un tiempo tuvieron que abandonar el lugar y asentarse en el poblado. Desde entonces y hasta la a actualidad nadie vive en “las sabanas” o rancho el Guanal. Solo ganado pasta ahí.

Fuentes:

Tabasco Hoy