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Leyendas El primer hombre según la mitología Tepehuana

Leyenda del Estado de Durango

Contaban los tepehuanos que el sol había comunicado a la estrella de la mañana que iba a crear a los hombres que habitarían la tierra y que de ellos harían siete razas. Un duende que vagaba en el espacio y que llamaban Cachinipa, que era el genio del mal, escuchó aquella confidencia y creó un enorme dragón de siete cabezas, que debería devorar a las siete razas que el sol proyectaba crear.

Se escuchó en el mundo un pavoroso estallido y en una lóbrega caverna apareció el monstruo, con ojos de color sanguíneo en cada cabeza, con formidables garras y un enorme aguijón en la cola. Era un asqueroso reptil que se deslizaba con rapidez vertiginosa y que tenía dos alas poderosas para cruzar los mares y los abismos.

Aquel dragón recorría el mundo en busca del primer hombre para devorarlo y, guiado por Cachinipa, llegó una mañana al sitio paradisiaco en que aquel naciera. Se lanzó sobre éste con las fauces abiertas; pero en ese momento un águila colosal descendió rápidamente a aquel sitio, cogió al niño entre sus garras y lo llevó a un enhiesto picacho poniéndolo a salvo y regresando enseguida al lugar en donde había quedado el dragón con el que entabló una lucha espectacular dándole al fin la muerte.

Ante aquel fracaso Cachinipa envió unos formidables lagartos que ataron a un árbol al primer hombre para que un nuevo dragón lo encontrara indefenso, pero un conejito trozó con sus dientes las ligaduras, el hombrecito se puso a salvo huyendo sobre el lomo de un venado y como el niño estaba hambriento, el conejo se sacrificó para alimentarlo con su carne.

La fábula narrada explica la razón de culto de los tepehuanes al águila, al venado y al conejo.

Fuentes:

Durango, México