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Leyendas La hechicera buena

Leyenda del Estado de Baja California
Mito Pai Pai

En el comienzo del mundo, habitaban tres brujos con grandes poderes. Los cuales formaban parte de la misma familia: padre, madre e hija eran grandes hechiceros capaces de controlar la naturaleza con sus palabras mágicas. Todo lo que pidieran era posible sin importar lo que fuera sólo con mencionar el nombre.

Los brujos adultos, padre y madre dedicaban su magia a hacer el mal por medio de hechizos: ¡Muévase la tierra¡ Y con agitar suavemente su varita mágica comenzaba a temblar. ¡Desbórdense los ríos¡ y se inundaban los caminos, el agua se llevaba todo lo que estuviera a su paso incluyendo casas y gente. ¡Peste venir¡ Y aparecían enfermedades novedosas y extrañas.

Cuando estaban de buen humor, a las personas del pueblo les echaban el mal de ojo para que tuvieran mala suerte. Confundían el miedo con el respeto, por eso se hacían respetar a base de miedo, todos les tenían miedo incluyendo sus vecinos y amigos. La única que no les temía era su hija Mar; la bruja joven, quien tenía el cabello inmensamente largo de color azul y la piel teñida como la arena.

Mar se preguntaba: ¿Por qué hacen esto mis padres? ¿Nadie les ha hecho ningún daño? Sorprendida del mal que provocaban sus padres, fue a preguntarles: ¿Por qué usan la magia para hacer el mal, en lugar de hacer hechizos para el bien, curar y sanar personas? Su padre el brujo mayor le respondió molesto: -Tú no hagas preguntas, tú también dedica ¡tú magia a hacer el mal¡ Y se llenó de furia por la pregunta de su hija, por lo que hizo que se formara un huracán.

Enseguida fue con su madre y le hizo la misma pregunta: Mamá ¿Por qué usas tu magia para hacer el mal? La madre se llenó de coraje y le contesto: Tú no te metas en lo que no te importa. Usa tu fuerza para hacer el mal sin mirar a quien. Y en cuanto termino de hablar con su hija, nombró un diluvio y comenzó a llover con gran fuerza.

En ese momento Mar se dio cuenta que sus padres no estaban dispuestos a cambiar, sin embargo, ella sabía que tenía el mismo poder que sus padres. También sabía que el secreto de la magia estaba en el amuleto del poder que estaba hecho de conchas marinas y coral, en el centro del collar estaba un ojo de borrego cimarrón que se movía cómo si tuviera vida. Perfectamente guardado en una canasta de junco, que era protegido celosamente por una serpiente venenosa.

Sin importar el riesgo que esta hazaña implicaba, Mar decidió despojar a sus padres del collar esa misma noche. Así que esperó a que estuvieran profundamente dormidos para acercarse a la canasta, después abrió la tapa cantando una canción de cuna pai pai para adormecer a la serpiente. La serpiente estaba aturdida por la hermosa melodía, así que Mar pudo tomar sin dificultad el collar mientras la serpiente se escapaba de la canasta arrastrándose por toda la habitación.

Una vez que tuvo el collar entre sus manos salió de la casa para no ser descubierta por sus padres, pero la serpiente despertó a los brujos con su cascabel. En cuanto vieron que la serpiente estaba fuera de la canasta cayeron en cuenta que se habían llevado el collar mágico, enseguida miraron las huellas en el piso y descubrieron que se trataba de su hija. Así que fueron siguiendo las huellas para dar con ella, pero les fue difícil darle alcance por más rápido que avanzaban.

El brujo mayor, fastidiado de no darle alcance pensó en usar su magia. –Voy a llamar a la lluvia: ¡Venga la lluvia¡ ¡Venga Cui¡ Y trono el cielo y comenzó a llover con gran fuerza.- Pero…se dio cuenta que el agua borraba las huellas, no le quedó más remedio que detener la lluvia y llamar a la nieve: ¡Venga la nieve¡ ¡Venga Pak¡ Y nevó por todas partes, cubriéndose el valle y las montañas de una espesa nieve que les hacía más difícil el paso, ya que se hundían en la nieve. Desesperado por no poderla atrapar, la madre hechicera llamó al poderoso viento: ¡venga Kiub¡ Soplo cada vez más y más fuerte el viento, haciendo que la niña avanzara más lejos con la fuerza del viento que la hacía volar cómo si fuera un ave.

La pareja de brujos decidieron unir sus fuerzas para detener a su hija, crearon con su magia un arco y una flecha para detener a su hija. Apuntaron hacia la pantorrilla derecha donde la joven tenía un lunar grande y redondo, dispararon su arma y clavaron la flecha exactamente en el lunar. La joven, herida, cómo pudo comenzó a caminar hacia el mar hasta perderse entre las olas. La pareja de hechiceros intentó hacer lo mismo, pero en cuanto tocaron las aguas del mar sus cuerpos se fueron haciendo duros y pesados hasta quedar convertidos en piedras.

Dicen los Pai Pai que desde entonces el alma de la hechicera buena protege a los niños y a los jóvenes para que no pasen ningún peligro. También dicen, que desde entonces al océano se le llamó mar y por eso los caracoles y los corales son de buena suerte.

Fuentes:

Clases del Profe Carlos