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Leyenda Juan Chávez

Leyenda del Estado de Aguascalientes

El bandolerismo es un problema social lacerante que la humanidad ha tenido que sufrir siempre. No es más que un signo de una sociedad en crisis, que se manifiesta en toda su crudeza en esa forma de actuar del hombre. No ha sido característica de un tiempo ni de una sociedad, sino de todos los pueblos y de todas las épocas.

La realidad social que prohijó el bandolerismo en tiempo de Juan Chávez, fue la situación precaria y el desorden que se derivó una vez terminada la Guerra de los Tres Años entre liberales y conservadores, y creció y se alimentó de la crisis política y económica. Los peones sin tierra ni trabajo, los ex soldados y desertores, ex convictos y demás marginados engrosaron las gavillas. Llevaba en sus venas reivindicaciones políticas y sociales, pues encerraba manifestaciones de miseria, de opresión y control político.

El bandolerismo de esos años no era un mero abigeato, mera depredación de ganado; se dedicaba a cometer todo tipo de robos en el campo y en los pueblos. Representó un verdadero peligro para la sociedad, porque su actividad no se restringió a la matanza y robo de unos cuantos campesinos o de ganado, sino que la acción de esas gavillas, además de que estaba extendida a diversos estratos sociales, ponía en peligro los mismos centros urbanos y cualquier actividad productiva. A tanto llegó su versatilidad, que se declaraban defensores de los oprimidos y de las injusticias, protectores del pueblo y hasta defensores de la religión, pues se les veía desgranar en sus manos el rosario y hasta recibir la bendición de algún eclesiástico; porque eran los vengadores del pueblo, sustentaban su fuerza en el corazón de éste.

Es pertinente asentar que en tiempo de Juan Chávez, apenas se distinguió en Aguascalientes el bandolerismo urbano del rural; los mismos que asaltaban los campos lo hacían en la ciudad y en los pueblos. La diferencia radicaba en que los asaltos perpetrados en poblaciones eran efectuados por grupos más numerosos. En el campo, dos sujetos eran suficientes para llevar a cabo la fechoría, dependiendo de las circunstancias y lugar.

Las autoridades se encontraron con ciertas dificultades para hacer frente al bandolerismo. Uno fue que las gavillas jamás permanecían en el mismo lugar por más de tres asaltos, ni tampoco como grupo. Pero también, porque éstas no contaban con suficientes elementos ni armamento. Por esta razón, hubo momentos en que tanta era la osadía y desfachatez de las gavillas facinerosas, que entraban en pleno día en la ciudad o los pueblos y cometían todo tipo de felonías; tenían perdido el respeto, temor y obediencia a la justicia

Es en este medio en el que le toca a Juan Chávez vivir y actuar y en el que se hace famoso. Pocos datos existen del llamado "Ídolo de las beatas" o "Rojas de los mochos", como era llamado por la prensa liberal de la época. Se sabe que nació en la década de mil ochocientos treinta, en la vieja "Hacienda de Peñuelas"; pero no sabemos más de sus actividades hasta no dedicarse al bandolerismo.

En la partida de matrimonio se asienta que era hijo de Juan Chávez y de María Delgado; sin embargo, en el acta de defunción, levantada el 17 de febrero de 1869, se asentó que fue hijo natural de Ignacia Chávez y de Juan Dávalos dueño de Peñuelas, cuyo apuesto porte y distinguida figura heredó al infeliz retoño habido de la humilde peona seducida.

La sociedad de la época consideraba a Juan Chávez "medio hermano" de Romualdo Dávalos, hijo de Don Juan y quien fuera propietario del palenque de gallos La Primavera, que se encontraba ubicado en el Barrio de San Marcos, sitio donde se levanta el Colegio Portugal. Para la sociedad y moral de aquellos años, ser hijo natural significaba marginación y resentimiento social; y de esto, sólo mediaba un paso para convertirse en bandolero y, por tanto, en hombre fuera de la ley.

A las difíciles circunstancias políticas y económicas que heredara el gobierno liberal del Estado de Aguascalientes al triunfo frente a los conservadores, se sumó la aparición de numerosas gavillas capitaneadas por hombres que se hicieron famosos en la década de los sesenta, como Dionisio Pérez y nuestro biografiado; el Estado y Aguascalientes, su capital, fueron frecuentemente castigados por estos grupos de bandidos. El Supremo Gobierno del Estado consideró que una de sus primeras exigencias frente a esta situación, era "procurar por los medios posibles, el exterminio de los bandidos de que están plagados los caminos públicos"; de ahí la reiterada insistencia en la vigilancia y persecución de las gavillas.

El 7 de octubre de 1859, se expidió un Decreto en el que se exigía a todos los propietarios de haciendas asignar un contingente de hombres "para proteger la seguridad de las respectivas fincas y constituir una fuerza útil para realizar su defensa y persecución de los bandidos", y si fuera necesario, crear la fuerza de rurales.

El bandolerismo siguió amagando la tranquilidad de todos; por eso, en septiembre de 1860, comunicaba la determinación de hacer efectivo el Decreto y creaba las fuerzas rurales "necesarias para restituir la tranquilidad y seguridad del Estado".

Se desconoce a ciencia cierta cuándo inició Juan Chávez sus correrías como bandido profesional, pero sí que fue durante la Guerra de Reforma cuando comenzó a tomar fama como tal. En los primeros meses de 1860 lo encontramos ya cometiendo sonados latrocinios por el nororiente del Estado y frontera de Zacatecas y San Luis Potosí, haciendo mancuerna con el español Máximo González. Este año el Estado se infestó de tal forma de bandidos, que para poder controlarlos, el gobierno se vió obligado a recurrir a "desmontar ciertos parajes para poder perseguir mejor a los bandidos", como lo eran ambos lados de los caminos.

1861 no presentaba un panorama más halagador. En mayo, se exigió a los hacendados y dueños de ranchos, que pusieran en práctica el Reglamento del Registro Civil de Servidumbre Doméstica, "con objeto de dar seguridad a las fincas rurales, expurgando a los vagos que perjudican con sus robos el giro del campo, así como moralizar la gente trabajadora"; también se les obligó repartir 3 ó 4 hombres para vigilar día y noche. Por su parte, el Escuadrón de la Reforma, fue destinado para llevar a cabo una persecución sin tregua a los bandidos que infestaban el Estado.

Después de que Juan Chávez auxilió al conservador Marcos González en la toma de la ciudad y que fueron desalojados por el gobernador Esteban Ávila, lo encontramos por la zona de Calvillo; nuevamente se escurrió de la persecución que le hacían el gobernador Ávila y el jefe político de Lagos.

En 1862, el gobierno estatal propuso amnistía a los bandoleros que estuvieran de acuerdo en volver a la vida privada; Juan Chávez la aceptó, ofreciendo al entonces gobernador Esteban Ávila permanecer "pacíficamente en el hogar doméstico"; también ofrecía prestar sus servicios en la guerra extranjera que amenazaba a la república, "porque se es mexicano antes que partidario". No se enlistó en los ejércitos que salieron a defender la soberanía nacional, pero sí aceptó la comisión de caza-bandidos.

Juan Chávez desempeñó esta comisión casi todo el año. Hay muestras de que logró algunos frutos, pues en marzo de ese año, la prensa local agradecía al ex bandolero sus servicios. En comunicado de septiembre 2 de 1862, el Supremo Gobierno del Estado ordenaba que, "el C. Comandante D. Juan Chávez con la gente de su confianza que pueda reunir, explore el Cerro del Gallo y todos los lugares en que se puedan abrigar los bandidos, haciéndoles una persecución activa". Varias veces más le fue encomendada la persecución de los bandidos del Estado y se le asignó para que vigilara la zona Peñuelas-Cieneguilla; gracias al apoyo del gobierno y a la fama, logró reunir una nutrida fuerza rural para apoyar al Escuadrón Ocampo en la persecución de los bandidos que entonces infestaban al Estado.

Las cosas iban muy bien, pero no duraron mucho porque Juan Chávez no estaba acostumbrado a la vida del hogar. Preocupó a la sociedad el artero asesinato de "un hombre honrado y trabajador" por el cabecilla y dos de sus secuaces, por haber quedado impune. Las relaciones del bandolero con el gobierno del Estado se deterioraron; más cuando Esteban Ávila se vio obligado a dejar el gobierno, el que asumió temporalmente Ponciano Arriaga por instrucciones expresas del Presidente de la República Benito Juárez, mientras se hacían elecciones en las que fue nombrado José María Chávez, que tomaría posesión el 20 de octubre de 1862.

En noviembre volvió a las andadas. El 23 de ese mes, ocupó la ciudad, la que sufriría el saqueo y hasta la quema de parte del archivo municipal. Antes de terminar el año, él y Dionisio Pérez se vengarían en Peñuelas de los rurales que los habían derrotado días antes y con eso la ciudad volvió a quedar en serio peligro. Ya para los primeros meses de 1863, encontramos a Juan Chávez unido a los conservadores y franceses, por lo que crecería el peligro para el Estado. El gobernador José María Chávez, programó una intensa campaña para hacer frente a los franceses que venían dirigidos por Valeriano Larrúmbide, a las que como hemos dicho, se había unido Juan Chávez.

Desde la derrota de Peñuelas, en diciembre de 1862, de los rurales a manos de Juan Chávez, la ciudad había quedado muy debilitada y seriamente amagada por los bandidos y conservadores dirigidos por éste. Como ya estaban de parte de los franceses, éstos enviaron a Aguascalientes a Valeriano Larrúmbide para imponer orden y disciplina en los distintos grupos de alzados que se habían unido a los intervencionistas. Los meses de enero y febrero de 1863, se dedicaron a organizarse y a preparar la toma de la ciudad, la que hicieron los días 12 y 13.

Las fuerzas intervencionistas exigieron la rendición de la plaza al gobernador José María Chávez, a lo que se negó. El gobernador, guarnición fiel y pueblo se prepararon a la defensa. Después de largas horas de lucha, Aguascalientes fue saqueada salvajemente por las tropas Chávez y Larrúmbide; incendiaron gran parte de las tiendas del Parián y saquearon algunos locales comerciales; muchos hogares fueron también saqueados y entregados al ultraje. Un periódico de la época escribió sobre los hechos: "los escombros del Parián y de algunas tiendas quemadas por la mano salvaje del traidor: las casas de millares de vecinos entregadas al saco y ultraje. El pueblo vivió el terror, la ruina, la miseria y la desolación". No fue tomada definitivamente la ciudad por los intervencionistas, pero si vivió momentos terribles.

Juan Chávez siguió merodeando por el estado y por los vecinos estados de Zacatecas y Jalisco, atacando innumerables rancherías y muchas haciendas. En noviembre nuevamente atacó la ciudad con su gente y la de Larrúmbide y establecieron sus cuarteles a las orillas. El gobernador José María Chávez, apoyado en los empleados, el pueblo y las pocas tropas de que se disponían, resistieron durante algunos días; pero se vió obligado a dejar la ciudad en poder de los bandoleros e intervencionistas ante la imposibilidad de resistir más y para evitar mayor derramamiento de sangre.

Los meses restantes del año, se pasó el gobernador José María Chávez en combatir a los bandoleros e intervencionistas que habían hecho causa común; con sus felonías y abusos de las diversas gentes armadas, empujaron a centenares de familias a "la más triste mendicidad", distinguiéndose de entre todos, Juan Chávez, pues llegó a juntar cerca de dos mil armas. Por más que el gobierno del estado solicitó auxilio militar a la federación, el gobierno de Juárez no accedió por la tremenda situación en que se encontraba el país al tener que enfrentarse con los franceses.

Apoyados los intervencionistas en numerosos grupos de bandoleros, presionaron la ciudad; y por más que el gobernador José María Chávez planeó su defensa, por falta de dinero y armamento, se vio obligado a evacuar la ciudad saliendo hacia el noroeste del Estado para combatir a los franceses en compañía de otros patriotas. Aguascalientes fue ocupada por el ejército francés al mando del General LHeriller, siendo entregada al general francés Aquiles Bazaine el 21 de diciembre, quien la ocupó acompañado de Juan Chávez que ostentaba el grado de Coronel Auxiliar del ejército intervencionista. Cuando Bazaine se retiró de la ciudad, dejó a Juan Chávez como encargado del mando político y militar.

En los meses que estuvo al frente del gobierno de Aguascalientes, desde el 21 de diciembre a los últimos días de febrero de 1864, Juan Chávez se propuso devolver el prestigio que había perdido la religión; que conservaría inalterable la paz, el orden y el respeto a la vida y a la propiedad privada, como también que perseguiría a los criminales sin dejar impunes sus delitos. Era lo que prometía en su manifiesto titulado VIVA LA RELIGIÓN, VIVA LA REGENCIA DEL IMPERIO. En una palabra, su gobierno sería un modelo de orden y de rectitud; y por eso metería en cintura a todos los liberales, sus enemigos. Pero difícilmente se podía esperar de un hombre con las características de Chávez que lograra todas esas cosas. Lo que se propusieron más bien los franceses al entregarle el mando, fue atemorizar a la sociedad y someterla mientras seguía apoderándose de otras zonas de la República.

Pronto vieron su imposibilidad para gobernar el Estado y de lo pernicioso que sería un hombre de tan escasas luces y de costumbres tan arbitrarias y perversas; sobre todo, no podía ser un ejemplo para la sociedad. Cuando en febrero de 1864, entraron nuevamente los franceses a la ciudad, le dieron las gracias y encargaron la prefectura política a Cayetano Basave.

Volvió Chávez a incorporarse a las tropas intervencionistas. Desde Zacatecas se le ordenó que guiara una columna junto con su viejo amigo, el bandolero Dionisio Pérez, y que salieran en persecución de las fuerzas de los grupos republicanos que comandaba José María Chávez. El bandido de Peñuelas y Dionisio Pérez fueron piezas importantes en la derrota y captura de los patriotas de Aguascalientes en Jerez, donde el gobernador José María Chávez, fue aprehendido y conducido a prisión a la ciudad de Zacatecas y fusilado días después en Malpaso.

A partir de entonces, Juan Chávez, el célebre bandido, fue relegado en todo puesto político, aunque siguió colaborando con las fuerzas intervencionistas durante todos los años del efímero imperio de Maximiliano. Recuperada la República, nuevamente volvió a las andadas bandoleriles. En febrero de 1868, el entonces gobernador de Aguascalientes, Jesús Gómez Portugal, envió un expediente a la Cámara del Congreso para que dictara todas las providencias necesarias a fin de perseguir a Juan Chávez. Una de sus medidas fue incautar sus bienes y rematarlos para auxiliar las premuras económicas del gobierno. Otra de las determinaciones, fue organizar una fuerza rural que comandaría Pedro Contreras, la que perseguiría al bandido hasta su total exterminio o erradicación del Estado. Mencionaba la notificación que se le había visto en la Villita (Encarnación), partiendo luego a San Juan de los Lagos. En junio, la prensa local informaba que revoloteaba un fuerte rumor público de que el bandido nuevamente volvería a sus andadas.

A partir de este año, encontramos muy pocas noticias de las fechorías de Juan Chávez, se sabe que lo mismo asaltaba en las haciendas y ranchos del Estado, que en las de los vecinos estados de Zacatecas y Jalisco. Juan Chávez no murió a manos de la justicia, sino que fue asesinado por dos de sus compañeros que se pusieron de acuerdo para vengar así personales agravios. Una versión señala que fueron Viviano Nieves y Cenobio, y otra que fue el primero y Agatón Chávez.

Su muerte ocurrió en el camino de "Arrona", que conduce de San Sebastián a Encarnación de Díaz, Jalisco. Los asesinos aprovecharon la fatiga que pesaba sobre su jefe, después de tres días de no dormir, y al caer en profundo sueño, lo clavaron materialmente contra el suelo donde dormía, traspasándolo con dos lanzas a uno y otro lado del tórax. La vida del célebre asaltante de caminos y gobernador de Aguascalientes por unos meses durante la intervención francesa, acabó la noche del 15 de febrero de 1869.

Fuentes:

Ayuntamiento de Aguascalientes