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Leyenda del Sumidero

Leyenda del Estado de Chiapas

Se dice que los chiapanecas eran particularmente agresivos y que su poderío militar era tal que se duda que alguna vez fueran conquistados por los aztecas.

La leyenda nos dice que los chiapanecas lucharon valientemente contra los conquistadores españoles. Se cuenta que esta notable población se acabó, no porque los conquistadores la hubiesen sometido, sino por la decisión propia de quitarse la vida antes que aceptar la dominación.

Inútilmente, Luis Marín sometió Nandalumí (Pueblo grande) en 1524, pues pronto sus pobladores volvieron a sus viejas costumbres. En 1528, sabedores de la fiereza de los indios chiapanecas, los españoles, al mando de Diego de Mazariegos, iban muy bien armados y con el apoyo de los pueblos vecinos, llegaron hasta el Peñón de Tepechtía, en el Cañón del Sumidero, donde, se dice, se libró la última batalla contra los valientes nativos.

Después de una feroz batalla pronto se impusieron los españoles. Al verse cercados por el enemigo y ante el peligro de ser derrotados, los sitiados en vez de rendirse se arrojaron al precipicio desde la peña que dominaba el río con su altura casi vertical. Familias enteras de chiapanecas se arrojaron al precipicio muriendo en este suicidio colectivo, según la fuente colonial más de 15.000, lo que provocó que las aguas del río se tiñeran de rojo.

Conmovido ante el hecho, el capitán español cesó el combate. Con los sobrevivientes surgieron las primeras encomiendas y en las orillas del río fue fundado un nuevo pueblo: Villarreal de los indios, la Chiapa de los indios: Chiapa de Corzo, que con la Chiapa de los españoles: San Cristóbal de las Casas, dieron nombre al estado.

La batalla en el Sumidero fue eternizada en el blasón de armas que el Emperador Carlos V concedió en 1535 a la ciudad de San Cristóbal de los Llanos de Chiapa.

Realidad o ficción, para los chiapanecos, la leyenda del Sumidero es un símbolo de la lucha por la ansiada libertad.

Fuentes:

imaginario.org.ar