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Leyenda La muerte y el destino del alma

Leyenda del Estado de México
Fuente: Isabel Lagarriga Attias y Juan Manuel Sandoval
Tradición Otomí

Las causas de muerte pueden ser: naturales, violentas y sobrenaturales.

Las naturales obedecen a alguna enfermedad (predominan en la región las enfermedades gastrointestinales y las bronco respiratorias).

Las violentas se deben al hecho desafortunado de caer en un río, pozo, quemado por un rayo, homicidio (es muy común el asesinato a pedradas o por arma punzocortante).

Las sobrenaturales, en los adultos, obedecen a brujerías realizadas, a través de individuos que saben "hacer daño". Estos brujos pueden ser hombres y mujeres. En los recién nacidos la muerte por causas sobrenaturales se debe a que los "chupa la bruja", la cual generalmente se ensaña con los neonatos sin bautizar.

Este último grupo de bruja, compuesto siempre por mujeres, se acomoda más dentro de concepto de nagual, y para lograr sus fines se transforma en lagartija, guajolote, perro, etc. Para contrarrestar sus efectos se colocan en lugares estratégicos de la vivienda y cerca de la cabecera del infante, tijeras abiertas, agua bendita, oraciones impresas. Dichos objetos sin embargo, resultan en ocasiones insuficientes para detener a tan maligno ser.

La idea católica de la supervivencia, se entremezcla con las antiguas tradiciones prehispánicas, a pesar de que se piensa que el destino del alma es el señalado por el pensamiento cristiano. De este modo, tenemos que los buenos van al cielo, donde se encuentra el "trono de la justicia".

Muchas comunidades colocan en ese lugar junto a Dios, al Santo Patrón. El alma de los malos va al infierno. Poco se habla del purgatorio (aunque en los rezos se le menciona). El alma de los niños que mueren sin bautizar va al limbo. Si han recibido ese sacramento, van directamente al cielo, en donde se convierten en "Angelitos".

Ante la incertidumbre acerca del destino del alma, debe rezársele a los muertos temporalmente, recordándoles de este modo para ayudarlos a una mejor estancia en el más allá. Los festejos, los rezos y las ofrendas que se les hacen los días de difuntos están destinadas a proporcionar este tipo de ayuda.

Los muertos siguen teniendo contacto con los vivos, predomina de esta manera la creencia de que aquellos que perecieron en forma violenta, se aparecen para asustar a los vivos, y es común escuchar de labios de los vecinos relatos sobre apariciones que han sufrido de alguna persona que murió ahogada, asesinada, etc.

Es también frecuente oír que los parientes muertos y que han sido olvidados, se aparecen en sueños donde piden a sus familiares que recen por ellos. En cuanto se les ofrece una misa o se les dedican oraciones, no vuelven a presentarse, lo que indica que fueron de utilidad los rezos ofrecidos.

Los muertos llegan también a coaccionar a una persona para que observe buena conducta, así pueden aparecerse la primera vez, para amonestar y a modo de advertencia, la segunda para llevarse consigo al trasgresor de las normas de comportamiento.

Fuentes:

Peñaloza, Inocente (1992), Mitos y leyendas del Estado de México. Toluca: Gobierno del Estado de México.