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Leyenda el Queshnol

Leyenda del Estado de Puebla

Desde el momento que llegaron los primeros pobladores a estas tierras, tomaron al Queshnol para pedirles a los dioses por la lluvia, la siembra y la cosecha y que fueran protegidas de las granizadas a cambio de tributos que eran ofrecidos a la montaña, que simboliza el vínculo entre el hombre y los dioses. Todos los cerros estaban cubiertos de árboles y apenas se abría un valle alrededor del río.

Por la noche, algo que maravillaba era la imagen de la gran "serpiente nube" en los cielos, dibujado con estrellas multicolores y una delicada niebla. Esa misma imagen tenía un espejo en la tierra impresa en el curso del río de Chignahuapan; en donde abundan las criaturas míticas, los axolotes "(asholotes)", que según los ancianos eran criaturas divinas, heraldos del otro lado del mundo, ya que su piel y su carne eran buenas para curar varios males y consumirla protegía de las enfermedades.

La gran serpiente nube vio desde los cielos nacer y morir generaciones de este pueblo siempre fiel, pero nunca se conmovió tanto como cuando llego el hombre extranjero e intento sin ningún respeto pisotear las creencias y los dioses antiguos y sin embargo este se mantuvo fiel ante los sacrificios que sufría este pueblo por mantenerse leal a sus creencias.

Mizcoatl, descendió con el relámpago y con el granizo en forma de hombre; subió danzando con su chimalli y sus atavíos en la tormenta hasta que su cuchillo de pedernal, logró abrir una cueva en la montaña Queshnol; caminó dentro de ella como si recorriera una vena oscura y a cada paso que daba escuchaba un latido que fue creciendo hasta hacer temblar el aire y las paredes de la cueva. Mixcoalt había llegado al corazón del Queshnol, el cual ardería como un gran volcán.

El espíritu de la montaña al sentir su presencia le cuestionó que cual era el fin de su corazón y sin un carácter para respirar y sin la altura para que lo calme la nieve como a otro volcán. Mixcoalt le explica que en la naturaleza nada existía sin una propia función y ahí sumergió un enorme Tlecuil que era calentado por el fuego, después hizo 2 enormes ollas de barro y las puso encima del gran Tlecuil.

Una vez terminado esto, Ixcoatl volvió a su forma de gran serpiente nube, dio algunos giros alrededor del corazón ardiente al Tlecuil y a las ollas, después abrió grande la boca mostrando sus colmillos aguerridos y se lanzó en el interior de las ollas convirtiéndose en agua, el agua del gran espíritu guardián que flotaba a la superficie hacia unas posas de agua sulfurosa que los Chignaguapences podían disfrutar, mientras se curaban de sus males; este es considerado como un pacto último, tributo y regalo a su pueblo real.

Fuentes:

Secretaría de Turismo del Estado de Puebla