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Leyenda Raza de Gigantes

Leyenda del Estado de Aguascalientes
Por: J. Jesús Ramírez Durán

Hace unos cientos de miles de años, por allá en los albores de la vida cuando la tierra apenas empezaba a enfriarse y las lluvias eran torrenciales, por la superficie de este mundo resonaban con firmeza las pisadas de gigantes que eran los amos y señores de todo lo creado, porque su inteligencia sobrepasaba el nivel de cualquier otra criatura del Reino Animal.

Su porte altivo; sus facciones tan finas y aristócratas, que ni la Grecia Antigua vio seres tan perfectos, y sus cuerpos atléticos y bien proporcionados no tenían par en el universo.

Construyeron enormes ciudades y sus palacios no han sido siquiera soñados por el hombre moderno porque combinaron lo bello con lo práctico y lo cómodo con lo seguro.

A la par que la tierra, que les daba abundantes cosechas, cultivaban las Bellas Artes, porque su civilización era muy avanzada. Tan maravilloso era su sistema de vida que muchos todavía no creen que hayan existido. ¡ Pero existieron! De eso no hay la menor duda y basta con mirar al Cerro del Muerto para comprobar que todo fue verdad.

La guerra y el odio estaban ausentes de sus almas. Nunca, como entonces, la paz fue tan fraternal y duradera sobre la tierra. Así vivieron incontables siglos: Amando todo cuanto les rodeaba. La naturaleza siempre pródiga, les daba todo. Pero ... ¡ ni si quiera en ese verdadero paraíso terrenal la dicha era eterna! Y así llegó el día en que todo tuvo que terminarse por un cataclismo geológico que la tierra a experimentado infinidad de veces: temblores la sacudieron en convulsiones de muerte; desgarrando a su paso ciudades enteras con sus habitantes.

Al fin, volvieron la paz y la estabilidad, pero el mundo de los gigantes estaba casi totalmente destruido y su población asustada de que volviera a suceder algo semejante.

De entre los sobrevivientes quedó una joven pareja: VERLÉ, el príncipe del país del norte y que su nombre significa CALIENTES PRIMAVERAS, y KIRLE la princesa de la ciudad del sur y que su nombre significa AGUAS CRISTALINAS.

Ellos fueron los elegidos para ir a hablar con Dios. Después de prepararse, llegaron a su presencia y el Señor les dijo:

- Aunque sé a qué han venido, quiero oírlo de sus labios;

- Nuestras ciudades han sido destruidas y somos muy pocos los sobrevivientes.

- Ustedes tendrán que emigrar a otras tierras ya que lo que sucedió ahora, puede volver a suceder;

- Pero ¡Amamos nuestra tierra! queremos seguir viviendo ahí

- De quedarse, perecerán todos por falta de condiciones adecuadas.

- Señor; no queremos en forma alguna rebelarnos, pero deseamos quedarnos ¿será posible?

- Sí, pero se quedarán para toda la eternidad.

... Al regresar a su tierra avisaron a los pocos que quedaban su decisión.

CALIENTES PRIMAVERAS se tendió en la tierra que tanto quería, con la cabeza hacia el Sur. AGUAS CRISTALINAS colocó su cabeza frente a la de su esposo e inclinó un poco el cuerpo hacia el Suroeste. A la distancia, el resto de aquella raza de gigantes tomó la posición que más les acomodaba, para esperar la eternidad.

Cuatro de los más valientes caballeros que se llamaban: GALFO: BUENA TIERRA; TALT: AGUA CLARA, KILSE: CIELO CLARO, y MÁCHI: GENTE BUENA; hincaron una rodilla en tierra e inclinaron sus cabezas a esperar el final.

En esos momentos, un largo eclipse empezó a obscurecer la tierra, y cuando siete horas después volvió a aparecer el sol, no se veía por ninguna parte un ser viviente; los gigantes eran ya enormes cerros, de entre los cuales destacaban las figuras de los príncipes, vistos desde las estribaciones de la sierra de Guajolotes, en el punto que queda precisamente arriba del poblado que hoy conocemos Pedregal Primero, sobre la carretera que conduce a Calvillo.

Desde la ciudad de Aguascalientes, solo se aprecia la figura yaciente de VERLÉ, al que actualmente, se le conoce por el Cerro del Picacho o Cerro del Muerto.

Destacan también los cuatro capitanes: que ahora conocemos: Al Sur el Cerro de Los Gallos que fuera conocido por AGUA CLARA; Al Norte el Cerro de San Juan, en el macizo montañoso de Tepezalá, conocido por CIELO CLARO; un kilómetro adelante, el Cerro de Altamira que un buen día llevará el nombre de BUENA GENTE, y más allá hacia el Poniente distinguimos a TIERRA BUENA que es ahora el Cerro del Laurel muy cerca del poblado de Calvillo.

Pero ésos gigantes no han muerto. Vigilan nuestras vidas y nos han heredado su espiritualidad, su amor a la familia, su amor por nuestra tierra.

Su influencia ha sido tan grande, que de los nombres de los príncipes entrelazados le dieron el nombre de "AGUASCALIENTES" a nuestra ciudad, y el de los 4 militares existen en el escudo de nuestro Estado. Mientras esos gigantes sigan ahí, nuestra Tierra Bendita, no perecerá Jamás.

Fuentes:

Ayuntamiento de Aguascalientes